INTERNACIONAL Viernes, 14 de marzo de 1997
DAVID ALONSO MONTES
Hormigas en marcha
Esta semana conocíamos por este periódico la detención de dos jesuitas mexicanos, Jerónimo Hernández y Gonzalo Rosas, acusados de participar en una emboscada en la que murieron dos agentes de la Seguridad Pública del Estado en Chiapas. Los dos jesuitas trabajan desde hace tiempo en Chiapas con organizaciones indígenas y no es la primera vez que han sufrido el acoso policial.
Los miembros del clero implicados en la defensa de los derechos humanos han sido objeto de constantes agresiones, desde los obispos Arturo Lona Reyes y Samuel Ruiz, a los jesuitas Alfonso Zepeda o David Fernández. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, que dirige este último, ha contabilizado durante el sexenio de Salinas y los dos años del mandato zedillista unas 500 acciones represivas anuales contra los que denuncian o difieren del autoritarismo priísta.
La estrategia de hostigamiento se basa en deslegitimar a todo el que se oponga a los desmanes del Gobierno. En defensa de la seguridad nacional se puede justificar cualquier acción violenta contra los subversivos. Esta campaña de intimidación desarrollada en Chiapas, con el esquema de una guerra de baja intensidad, se está generalizando en otros Estados como Guerrero, Oaxaca, o Veracruz.
Amnistía Internacional advierte en su informe publicado el 10 de diciembre de la alarmante y progresiva pauta de abusos contra los defensores de los derechos humanos en México. Según este documento, durante el mandato de Zedillo se ha batido el récord de informes de amenazas. Según Cuauthémoc Cárdenas, líder del opositor Partido de la Revolución Democrática (PRD), las muertes de militantes perredistas ascienden en esta administración a 75 al año, frente a las 60 del sexenio de Salinas.
La campaña electoral priísta presentaba a Zedillo como un buen gestor con el eslogan Zedillo sabe cómo hacerlo. Hoy sabemos que es lo que mejor sabe hacer el presidente mexicano. Cada vez más interviene el Ejército en tareas civiles, y la militarización llega a ser de tal grado que hay en la Selva Lacandona un soldado por cada tres habitantes.
El desprestigio es el objetivo de esta nueva amenaza. El mismo Jerónimo Hernández fue acusado por el diario Summa, propiedad de Televisa, de ser el subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Las diferencias físicas entre ambos eran tan notables que el jesuita declaró que cualquiera que tuviera un solo ojo podría distinguirlos. Su delito, como el de Gonzalo, Jerónimo, y el de los indígenas Francisco González y Ramón Parcero, arrestados junto a ellos, y tantos activistas de derechos humanos en México, es denunciar la injusticia, trabajar al lado del pueblo, de los pobres que el México oficial pretende olvidar.
Jerónimo participó en 1992 en la Marcha Xi'Nich (hormiga), que en reivindicación de sus derechos realizaron organizaciones indígenas hasta la capital. El incumplimiento -otro más- de los acuerdos allí firmados por parte del Gobierno, el uso del aparato represor, de los medios de comunicación, sitúa a las organizaciones indígenas y populares, a los campesinos, a los opositores, a los defensores de derechos humanos en debilidad manifiesta. Son hormigas frente a gigantes, pero hormigas en marcha.
DAVID ALONSO MONTES es economista y ha colaborado como cooperante con el Servicio Jesuita en México.
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