lunes, 26 de enero de 2009

Perú, entre temblores

Perú, entre temblores

El 23 de junio la tierra tembló en el Sur del Perú. Dura poco la alegría en casa del pobre, apenas pudieron celebrar los peruanos la detención en Caracas del ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos.
David Alonso (Entreculturas) (06/07/2001)Ver al hasta hace poco “todopoderoso” Montesinos (máximo responsable del Servicio de Inteligencia Nacional) en la cárcel supone un paso más del final de una década de fujimorismo que resquebrajó las estructuras democráticas del Perú e implantó un sistema que caricaturizaba la democracia con el ánimo de perpetuarse en el poder y beneficiarse del mismo. César Moro acuñó aquello de “que en todos los países cuecen habas pero que en Perú sólo cuecen habas”. Perú lo ha vivido casi todo en las dos últimas décadas. Una hiperinflación de récord Guiness y un desbarajuste presupuestario que le retiraron de los círculos financieros con el aprista Alan García, un terrorismo maoísta y sanguinario que aterrorizaba a todo el país y se ensañaba con la población de la Sierra y de la Selva, y diez años de fujiromismo como sistema entre populista y dictatorial que se apoyó en el interior en las Fuerzas Armadas y los servicios de espionaje, y que contó con el apoyo exterior que aplaudía su firmeza en el pago de la deuda externa y el combate a Sendero Luminoso. Todos estos temblores han debilitado a los llamados hace unos años “sectores populares”. Las organizaciones populares del Perú eran en los años setenta y ochenta una de las redes más vigorosas del continente, y su esfuerzo por la vida y por la dignidad hicieron posibles proyectos autogestionarios como Villa El Salvador, y milagros contra el hambre como las “ollas comunes” y los “vasos de leche”. El ajuste económico del “fujishock” supuso para muchos como única solución el autoempleo, un empleo informal, precario, inestable y al borde la supervivencia ha sido el que más ha crecido en la década de los noventa de modo que seis de cada diez empleos creados han sido en estas condiciones. Son estos sectores populares debilitados, descontentos, golpeados por crisis y el terror los que soportan ahora también los temblores de la naturaleza. Decía Monseñor Óscar Romero que la serpiente pica al descalzo y en Moquegua, Tacna, Arequipa los descalzos son las grandes masas de población que vive en los eufemísticamente llamados “pueblos jóvenes”, en casas de estera o adobe, que trabajan más de 12 horas diarias y apenas llegan a los dos dólares diarios. En la sociedad de la información proliferan los eslóganes y un terremoto no se mide tanto por la escala de Ritcher como por el número de muertos. A pesar de la incidencia del terremoto, 6.9, los 102 muertos contabilizados, están afortunadamente lejos de otras catástrofes recientes ya que el epicentro fue localizado en el fondo del mar a 82 kilómetros al noroeste de la localidad arequipeña de Ocoña. La situación se agravó al producirse el día lunes 25 de Junio, una fuerte réplica que alcanzó los 5,2 grados de la escala de Richter. Los heridos ascienden a 1,368 personas en toda la zona, 46,470 personas damnificadas y 53 desaparecidos en Arequipa. Pero el terremoto como suele ocurrir con los fenómenos de la Naturaleza desveló las vulnerabilidades del país. En gran parte de los distritos de Moquegua y de Tacna se derrumbaron el 90% de las viviendas, y con ellas parte de las vidas de sus moradores. En los años recientes de euforia macroeconómica los responsables políticos del Perú blandían los datos del crecimiento del PIB, de las inversiones extranjeras directas, del número de conectados a Internet como estandartes del progreso, mientras seguían reproduciéndose los asentamientos de esteras y el número de pobres, hasta llegar a la mitad de la población. La escritora mexicana Elena Poniatowska relataba que en el terremoto de 1985 en México DF la mayor parte de los nuevos edificios derruidos se habían construido sin cimientos. No era una metáfora preguntarse qué tipo de sociedad construye sin cimientos. En Perú no es metáfora preguntarse qué tipo de progreso permite la proliferación de infraviviendas y la exclusión de la mitad de la población. Es momento de reconstrucción en el Perú, urge la reconstrucción democrática, reconstruir el tejido institucional y político, y urge la reconstrucción cívica y ética como parte de los cimientos de la sociedad peruana del XXI. Y ahora en el sur del Perú, en Tacna, Arequipa y Moquegua también urge acompañar la reconstrucción física, la económica y social. Desde España, desde las instituciones oficiales y las ONGD, desde lo institucional y lo individual debemos alentar un terremoto solidario que llegue a los afectados de todos los temblores. *David Alonso es Técnico de Proyectos de Entreculturas.

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